La decisión de volver a publicar la Revista de
Trabajo se orienta a poner los temas del empleo,
el trabajo y las relaciones laborales nuevamente
en el debate público. Decimos nuevamente porque
estas temáticas ya fueron tratadas en ella
desde el punto de vista del paradigma sociolaboral
que regía en la primera etapa de su publicación,
a mediados de los 90, cuando la desprotección
del trabajo y el tipo de vínculo precario entre
trabajadores y empleadores constituyeron,
respecto del empleo, el rasgo característico en la
Argentina y en nuestra región.
Fue aquél un período en el cual las políticas
macroeconómicas se definían flexibilizando y
ajustando lo laboral para que ese campo resultase
funcional al libre juego del mercado. Fue una
década en la cual, simultáneamente a esos ajustes,
la gran mayoría de la población veía disminuida
día a día su capacidad de apropiarse de la
riqueza que se generaba. Fue una época, finalmente,
en la que la baja de los costos laborales
no se tradujo –como lo prometía la gestión económica–
en aumentos del empleo.
La pobreza, el
desempleo, la precariedad y la informalidad laboral
se generalizaron y alcanzaron a millones
de personas.
La historia vivida durante esos años golpeó
fuertemente a la sociedad en su conjunto. Produjo
un impacto de tal magnitud que estamos en
presencia de cambios fundamentales en la configuración
de los actores del mundo del trabajo,
actualmente debilitados y con una agenda poco
clara respecto de su papel social.
También estamos
en presencia de la búsqueda de cambios esenciales
en el rol del Estado.
El Estado necesita hoy recuperar su rol institucional
y reconstruir su identidad, ya no desde
un papel interventor y regulador como lo hizo en
las etapas de producción sustitutiva y de mercados
cerrados. Tampoco desde la ambigüedad de
un Estado dotado de una naturaleza prescindente
y provista, al mismo tiempo, de parcialidad,
tal como caracterizó a la gestión imperante en
los 90. Se trata, desde esta perspectiva, de comenzar
a recorrer una etapa fundacional de un
nuevo rol que será, posiblemente, inaugural de
nuevas relaciones laborales.
A la búsqueda de una redefinición institucional
se suman, además, imperativos para dar respuestas
a los cambios. Respuestas, por un lado,
al cambio de paradigma en el mundo de las relaciones
del trabajo y a las exigencias de transformaciones
tecnológicas, organizativas y de los
modelos productivos. Por otro lado, respuestas al
auge sin precedentes de las tecnologías de la información
y la comunicación que paulatinamente
nos trasforman en sociedades basadas en el
conocimiento.
¿Cómo articular, entonces, las sociedades
del trabajo con las del conocimiento?
Pretendemos nutrirnos de aquello que transcurre
en el ámbito internacional en el marco de
los debates intelectuales. Aspiramos a conocer los
aportes concretos que realizan los organismos
multilaterales en sus intentos por redefinir sus
agendas de actuación pública incorporando –en
el centro de sus políticas– las necesidades y aspiraciones
de la gente.
Creemos que esto significa,
sin dudas, una contribución a la recuperación de
la ética y la equidad. Contribución fundamental
porque es en el contexto de los valores donde surge
la certeza de que el trabajo –no cualquier trabajo
sino el trabajo decente– representa un puente
sólido que es necesario establecer entre la justicia
social y el mercado, que debería hacer posible
un desarrollo económico inclusivo para todos. De
allí la importancia de abogar por un modelo de
desarrollo centrado en el empleo de calidad puesto
que sin trabajo –o con la mayoría de los trabajadores
privados de empleo decente– no habrá
posibilidades de establecer relaciones laborales
modernas ni será factible reducir las brechas de
equidad y de ingresos.
Para este gobierno, el empleo está en el centro
de las políticas públicas.
Esto implica no sólo
el ejercicio de un rol activo por parte del Estado
en el mercado de trabajo, sino la articulación y
la integración de políticas económicas y sociales
destinadas a conformar un círculo virtuoso (empleo-
consumo-inversión y producción-empleo) capaz
de lograr la derrota de la pobreza extrema y
el comienzo de la recuperación. Con este propósito,
el gobierno del presidente Néstor Kirchner
en estos dos años de gestión estableció políticas
centradas en el trabajo decente como factor clave
de integración social y de dignidad de las personas.
Con esta orientación, se realizaron acciones
concretas vinculadas con la política de ingresos,
con la formación de trabajadores ocupados y desocupados,
con el fortalecimiento institucional.
Entre ellas, los incrementos del salario mínimo,
vital y móvil, el aumento de las asignaciones familiares
y de las jubilaciones y pensiones, la promoción
de la negociación colectiva, el combate al
trabajo no registrado, el establecimiento de acuerdos
sectoriales y territoriales para capacitación,
formación profesional, terminalidad educativa,
orientación laboral y apoyo a la búsqueda de
empleo, el reordenamiento de la temática laboral
a través de la sanción de la ley 25.877 en marzo
de 2004, con el objetivo de mejorar la protección
de los trabajadores.
Estas medidas impactaron en el marcado descenso
en los niveles de desocupación (de 20,7% a
12%), en el aumento sostenido en la tasa de empleo,
en la recuperación de la generación de empleo
de mejor calidad (registrado), en el aumento
de la capacidad adquisitiva de sectores postergados,
en la mejora de las condiciones de empleabilidad
de trabajadores desocupados y ocupados, y
de beneficiarios de planes sociales.
La aplicación de estas políticas hizo necesario
el establecimiento de articulaciones eficientes
entre distintas áreas del Estado. Pero aún
se necesitan mayores correlatos institucionales.
Esto implica no sólo el fortalecimiento de un diálogo
profundo y fructífero entre actores y organismos
de gobierno sino también promover y
consolidar el diálogo entre el Estado y la sociedad.
También cabe a las organizaciones sociales,
particularmente al sector empresarial y al
trabajador, producir alianzas estratégicas orientadas
a un desarrollo económico integral, generador
de inclusión social.
El desafío es ambicioso: concebir y aplicar una
economía competitiva, de innovación no sólo tecnológica
sino también social, capaz de incrementar
la productividad de sus agentes económicos,
de asumirse como participante de un desarrollo
integral e inclusivo y de mejorar las condiciones
de vida de los pueblos. En esta línea de política
se sustentó la propuesta del gobierno argentino
–apoyada por países vecinos– que dio lugar al
lema que hoy sostiene la IV Cumbre de las Américas:
“Crear trabajo para erradicar la pobreza y
garantizar la gobernabilidad democrática”.
Acorde con la línea expuesta, el primer número
de la Revista del Trabajo en esta segunda etapa
está dedicado al empleo en el debate de las
Américas.
Se trata de una centralidad temática
que se explica por la importancia que este debate
reviste, por la necesidad de que trascienda las
fronteras nacionales y porque su tratamiento resulta
perentorio debido a la situación de la región.
En efecto, según la CEPAL, América Latina
se encuentra entre los ámbitos más inequitativos
del mundo: el 40% de la población percibe
menos del 14% de los ingresos, mientras el 10%
más rico de los habitantes capta el 36% de aquéllos.
Sólo la generación de empleo decente –a través
del fortalecimiento del vínculo entre crecimiento
económico y empleo formal en el marco
de estrategias comerciales orientadas a metas de
desarrollo agrícolas e industriales– podría comenzar
a paliar la fuerte inequidad regional.
La creación de empleo, en este número de la
Revista de Trabajo, es analizada no sólo desde
una perspectiva multidisciplinaria.
Incluye, además,
dimensiones vinculadas con aspectos sociales
de la globalización, con procesos de integración
regional y con componentes de políticas económicas.
La condición de género, la formación
laboral –particularmente la de los sectores más
desfavorecidos del mercado de trabajo–, la relación
entre empleo y protección social, y la temática
de la responsabilidad social empresaria, son
cuestiones tratadas en esta publicación.
Este número presenta, además, tres importantes
documentos suscriptos por ministros de Trabajo
de América Latina: la Declaración de Buenos
Aires de los Ministros de Trabajo del Mercosur
(abril de 2004) y la Declaración de Tegucigalpa
de los ministros de Trabajo de América Central.
La reciente Declaración de la XIV reunión
de los ministros de Trabajo reunidos en septiembre
de 2005 en ciudad de México y su plan de
acción cierra el grupo de documentos.
Ambos documentos
evidencian la preocupación regional por
alcanzar un desarrollo con equidad, por la generación
de empleos de calidad y por la necesidad
de promover la inversión, la innovación y el desarrollo
de redes productivas como forma de integración
de las pequeñas empresas en la economía
formal y competitiva.
Esperamos que esta nueva etapa de la Revista
de Trabajo se constituya en un hito en la historia
del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad
Social y de las buenas prácticas, así como
en un verdadero aporte a la comunidad. |